TEL AVIV — Un funcionario anónimo de la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu dijo el lunes a los medios de comunicación israelíes que el líder israelí estaba decidido a renovar los intensos combates para conquistar toda la Franja de Gaza, una medida considerada ampliamente como un reflejo del estancamiento del gobierno frente a la guerra de 22 meses.
La declaración, de hecho, refleja el callejón sin salida al que se ha llegado Netanyahu: no ha podido aplastar a Hamás ni obligarlo a liberar a más de 50 rehenes, tanto vivos como muertos, que siguen cautivos. Mientras tanto, se enfrenta a una intensa presión internacional por la hambruna generalizada entre la población palestina de Gaza y a una creciente indignación interna por el aumento de las bajas entre las tropas israelíes.
Sin duda, Netanyahu es muy consciente de la insensatez de reanudar la lucha contra Hamás, que ha sido destruido como brazo organizado pero sigue siendo una fuerza guerrillera letal atrincherada en densas zonas urbanas, y de la gigantesca tarea de gobernar un territorio devastado y sus dos millones de habitantes. Pero sigue vinculado a los socios políticos extremistas de su coalición que son decidido a tomar el control de la Franja de Gaza y revivir los asentamientos judíos que Israel desarraigó hace 20 años.
La división entre los altos mandos políticos y militares de Israel
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