El memorando de entendimiento alcanzado con Estados Unidos esta semana representa la primera prueba real para la nueva cúpula iraní. En el extranjero, se analizarán sus términos: la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento del bloqueo naval y las futuras negociaciones nucleares. Sin embargo, dentro de Irán, lo más revelador es cómo se gestó este acuerdo.
Un acuerdo construido por consenso.
Durante casi cuatro décadas, los problemas políticos más complejos de Irán se resolvieron de la misma manera. La autoridad estaba dispersa entre instituciones que desconfiaban unas de otras: la Guardia Revolucionaria Islámica, el clero, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, la presidencia, el parlamento y los imperios económicos vinculados a la presidencia. Pero por encima de todos ellos había una figura que, cuando era necesario, podía poner fin a una disputa con una decisión definitiva. La muerte de Ali Khamenei en los primeros días de la guerra eliminó a ese árbitro. Su hijo y sucesor, Mojtaba Khamenei, se ha mantenido alejado de la vida pública desde que asumió el poder.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammed Bagher Ghalibaf, lideró la negociación por parte de Irán. Al ser consultados sobre el papel de Ghalibaf, funcionarios estadounidenses lo describieron como la figura con mayor influencia en el sistema iraní. Sin embargo, el acuerdo parece haber requerido el consenso de todo el sistema, más que la aprobación de un único responsable de la toma de decisiones.
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