La economía iraní, azotada por las bombas y las crecientes crisis internas, podría pronto enfrentarse a una nueva conmoción. El 28 de agosto, Gran Bretaña, Francia y Alemania iniciaron un proceso de 30 días para reimponer las sanciones de las Naciones Unidas a Irán, alegando un incumplimiento "significativo" del acuerdo nuclear de 2015.
De implementarse, las llamadas sanciones de reimposición restablecerían amplias restricciones levantadas bajo el acuerdo histórico: un embargo de armas, prohibiciones al enriquecimiento de uranio, límites al desarrollo de misiles, congelamiento de activos y prohibiciones de viaje, entre otras medidas.
Para Irán, las sanciones no son nada nuevo: la República Islámica es una de las economías más sancionadas del mundo. Pero la capacidad de Teherán para mitigar su impacto se pondrá a prueba en medio de las consecuencias de la guerra de 12 días con Israel en junio. Irán, que ya se encuentra bajo extensas sanciones estadounidenses, ahora enfrenta nuevos desafíos, desde disturbios públicos y una inflación desorbitada hasta una grave escasez de agua yenergía , ante la inminente imposición de nuevas restricciones.
Expertos declararon a Al-Monitor que Irán es mucho más vulnerable hoy a las sanciones de la ONU que en años anteriores. «Los riesgos son especialmente graves hoy en día porque la economía iraní es mucho menos resiliente que en 2011, cuando los altos precios del petróleo habían proporcionado un colchón», declaró Mahdi Ghodsi, economista del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena.
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