Mientras la economía de Turquía enfrenta una nueva incertidumbre tras la represión política lanzada por el gobierno del Presidente Recep Tayyip Erdogan, los estados del Golfo podrían estar entre los inversores asustados por la turbulencia del mercado, poniendo potencialmente en peligro las esperanzas de Ankara de un auge en las transacciones comerciales impulsado por las relaciones recientemente restablecidas con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
El arresto el 19 de marzo del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, principal rival político de Erdogan, desató la polémica y sacudió los mercados turcos, desplomando las acciones y la lira turca ante la huida de los inversores. La detención de Imamoglu y la respuesta ciudadana pusieron en peligro rápidamente la recuperación económica del país, que venía cobrando impulso gracias a los esfuerzos por controlar la inflación y recuperar a los inversores extranjeros.
Ante la repentina amenaza de una recuperación, las autoridades se apresuraron a tranquilizar a los inversores y evitar un resurgimiento de la crisis financiera; según se informa, el Banco Central vendió unos 28.000 millones de dólares en moneda extranjera en los días siguientes para apoyar a la lira.
Entre los inversores cautelosos, algunos países del Golfo cobrarán especial importancia si las condiciones económicas continúan deteriorándose. Antes de la volatilidad actual, la ayuda de Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos resultó crucial para Ankara durante la grave crisis financiera desatada en 2018 por tensiones geopolíticas, problemas de deuda, inflación y otras presiones. Su apoyo ayudó a allanar el camino hacia la recuperación a partir de 2023, cuando el nuevo ministro de finanzas, Mehmet Simsek, reorientó a Turquía hacia políticas económicas ortodoxas.
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