ANKARA — Las elecciones hechas por el presidente electo Donald Trump para puestos de política exterior y defensa marcan hasta el momento un revés para las relaciones entre Estados Unidos y Turquía, pero la química personal entre el presidente estadounidense entrante y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, aún puede generar avances transaccionales, dicen los expertos.
Desde el candidato a secretario de Estado, Marco Rubio, hasta el asesor de seguridad nacional, Mike Waltz, y la directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard, los elegidos por Trump en política exterior y seguridad nacional son todos conocidos por sus posturas críticas sobre una serie de posiciones de política exterior turca.
Erdogan, quien fue uno de los primeros líderes mundiales en felicitar a Trump en una llamada telefónica un día después de su reelección, hasta ahora no ha hecho comentarios directos sobre ningún nombre, adoptando un tono calibrado.
“Tenemos que ser muy cuidadosos y sensibles en este sentido”, dijo Erdogan a los periodistas durante su regreso de la cumbre del G20 en Brasil, según una transcripción oficial publicada el miércoles. “Para nosotros, lo que la gente dice y piensa antes de llegar al poder no es insignificante”, dijo Erdogan. “Sin embargo, lo que realmente importa es lo que hacen después de asumir la responsabilidad. Tomaremos nuestras medidas en base a acciones concretas”.
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