Los mortíferos enfrentamientos ocurridos esta semana en la provincia de Suwayda, en el sur de Siria, han reavivado el temor de Ankara a una fragmentación étnica y sectaria en Siria, tanto en los bastiones drusos del sur como en las zonas controladas por los kurdos del norte. Turquía condenó rápidamente los ataques aéreos israelíes contra objetivos del gobierno sirio en medio de la violencia, pero su mayor preocupación reside en la posibilidad de que la desintegración de Siria se extienda a otros países.
Con millones de refugiados sirios aún en Turquía y la autonomía kurda afianzada cerca de su frontera, Ankara redobla sus esfuerzos para preservar la integridad territorial de Siria. Las autoridades turcas temen que cualquier partición formal de Siria envalentone a la administración kurda del norte a consolidar su autonomía, lo que podría inspirar ambiciones similares entre la propia población kurda de Turquía.
Desde el diálogo con Damasco y los estados del Golfo y posiblemente presionando al presidente estadounidense Donald Trump para que presione a Israel para que cese sus ataques, el gobierno de Erdogan está trabajando para dar forma a una Siria posconflicto que no amenace la estabilidad interna de Turquía ni fortalezca a los separatistas kurdos.
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