HOMS, Siria — Al igual que otros comerciantes alauitas del barrio, Wesam Al Ahmad cierra su tienda de productos lácteos antes de que se ponga el sol.
“Antes de la liberación, solía cerrar mi tienda a la 1:00 o 2:00 de la madrugada, pero las calles se han quedado vacías debido a la situación de seguridad”, dijo Ahmad, señalando una serie de robos recientes que atribuyó a “hombres enmascarados” que, según dijo, no tenían afiliación con el gobierno sirio.
El miedo y la desconfianza persisten en Homs unos tres meses después de que una insurgencia liderada por el grupo islamista sunita Hayat Tahrir al-Sham derrocara al dictador sirio Bashar al-Assad, poniendo fin a cinco décadas de gobierno dinástico. La llegada al poder de un grupo que antes estaba alineado con Al Qaeda generó temores entre las numerosas minorías del país, incluidos los alauitas, cuya presunta afiliación al régimen derrocado los convirtió en blanco de asesinatos por venganza a principios de este mes, cuando estallaron enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los leales a Asad en la región costera siria.
Las divisiones sectarias en Homs, la tercera ciudad más grande de Siria, son evidentes al llegar desde Damasco: en el lado oeste de la vía principal se encuentran viviendas alauitas, mientras que en el lado este predomina la población suní. Esta división geográfica recuerda las profundas tensiones que alimentaron la guerra civil que duró casi 14 años.
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