TEHERÁN — Los dirigentes iraníes no tardaron en presentar el alto el fuego de dos semanas , mediado por Pakistán y Estados Unidos, como una victoria estratégica. La tregua, negociada tras aproximadamente 40 días de escalada del conflicto, exige a Teherán —entre otras condiciones— la reapertura del estrecho de Ormuz a cambio de una suspensión temporal de los ataques estadounidenses.
Se prevé que este fin de semana comiencen en Islamabad las conversaciones para un acuerdo a largo plazo. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, en un comunicado emitido tras el anuncio del alto el fuego por parte del presidente Donald Trump, insistió en que el plan de diez puntos de Teherán —que incluye el enriquecimiento continuo de uranio, las reparaciones de guerra y el reconocimiento de su posición regional— constituirá la base de las negociaciones.
Los medios estatales presentaron el acuerdo como un momento de triunfo. Las transmisiones televisivas lo describieron como "la humillante retirada de Trump", mientras que los medios afines al aparato de seguridad enfatizaron que Washington se había visto "obligado" a aceptar las condiciones de Irán. El discurso resalta la resistencia en el campo de batalla, la movilización interna y lo que los funcionarios describen como coherencia estratégica bajo presión.
Sin embargo, a medida que esta narrativa de victoria se afianza, está siendo cuestionada desde dentro del propio sistema.
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