TEL AVIV — El primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa, Israel Katz, intentan destituir al jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir, tan solo ocho meses después de nombrarlo para dirigir el ejército israelí. Esta medida constituye la última escalada de una crisis política y social interna cada vez más profunda que se desata mientras el ejército se enfrenta a Hamás en Gaza, Hezbolá en el Líbano , los hutíes en Yemen, las milicias chiítas en Irak e Irán.
El bando liberal democrático de Israel está enmarcando la lucha política más amplia —cuyo último frente es el intento de derrocar a Zamir— como una batalla por la identidad del Estado judío, que abarca sus valores, sistema de gobierno y democracia. La confrontación comenzó con la instalación de un gobierno radical de derecha en diciembre de 2022 y sus intentos de reformar el sistema judicial mediante la erosión de las facultades de los tribunales.
El ataque al poder judicial desencadenó las protestas civiles más enérgicas de la historia de Israel. Muchos esperaban que el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y sus consecuencias sofocaran lo que se había descrito como un intento del gobierno de organizar un golpe judicial. Sin embargo, lejos de frenarlo o detenerlo, Netanyahu y sus aliados aceleraron los esfuerzos para implementar su polémica agenda antes de que los jueces del Tribunal de Distrito de Jerusalén emitieran un veredicto en el juicio por corrupción del primer ministro, que duró cinco años.
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