De los drones a la disuasión: el misil balístico intercontinental de Turquía evidencia ambiciones mayores.
La prueba que Turquía tiene previsto realizar de un misil de 6.000 kilómetros podría impulsar el prestigio de la industria de defensa de Ankara, reforzar su mensaje de disuasión y alimentar una poderosa narrativa interna de autosuficiencia tecnológica, pero también plantea interrogantes sobre el coste, el calendario y la protección de la OTAN.
El anuncio de Turquía de que planea probar un misil balístico intercontinental (ICBM) supone una marcada escalada en las ambiciones de defensa de Ankara, lo que indica un impulso para ir más allá de la disuasión regional y las exportaciones basadas en drones, adentrándose en el ámbito exclusivo del poder estratégico de largo alcance.
La Exposición Internacional de Defensa y Aeroespacial SAHA 2026 de Turquía, una de las mayores ferias de armamento del país, se celebró en Estambul del 5 al 9 de mayo, reuniendo a delegaciones de más de 120 países. El viernes, durante su intervención en la feria, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció que empresas turcas habían firmado contratos por un valor aproximado de 8.000 millones de dólares. El momento más destacado de la feria fue el sorprendente anuncio de Ankara de que planea probar un misil balístico intercontinental a finales de este año.
El misil fue presentado el 5 de mayo en el stand del Ministerio de Defensa Nacional turco, donde el ministro de Defensa, Yasar Guler, asistió a un programa de lanzamiento de nuevos productos desarrollados por el Centro de I+D del ministerio. El Yildirimhan fue la pieza central del stand, y los funcionarios turcos lo presentaron como un misil de largo alcance de desarrollo nacional con un alcance declarado de 6.000 kilómetros, una velocidad de Mach 25 y una capacidad de carga útil de 3.000 kilogramos.
Apuesta arriesgada con misiles