La guerra entre Estados Unidos e Irán se ha expandido rápidamente más allá de los objetivos militares desde que estallaron las hostilidades el 28 de febrero, y el conflicto ha puesto en la línea de fuego la infraestructura más crítica del Golfo, desde refinerías de petróleo y terminales de gas hasta puertos, aeropuertos e incluso centros de datos.
Lo que comenzó como una represalia por los ataques estadounidenses e israelíes se ha convertido en una campaña generalizada contra las arterias económicas de la región. Además de aumentar el riesgo de shocks prolongados de suministro que podrían afectar la economía mundial, esto ya representa una prueba crítica para los países del Golfo que intentan diversificar sus economías más allá del petróleo.
Aunque desde hace tiempo se anticipaban interrupciones en el transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz como consecuencia de una guerra regional con Irán , Teherán está ampliando la lista de objetivos, con otros activos energéticos clave potencialmente en la mira. "La pregunta ahora es si Irán seguirá intensificando sus ataques contra infraestructuras energéticas críticas", declaró a Al-Monitor Noam Raydan, investigador principal del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente.
Qué sucedió: El impacto más inmediato se ha registrado en el sector energético. El lunes, Arabia Saudita informó que los restos de drones interceptados provocaron un incendio limitado en la refinería de petróleo de Ras Tanura, lo que obligó a cerrar algunas unidades por precaución. Riad afirmó que el suministro no se vio afectado a pesar de la suspensión de las operaciones en la instalación, que forma parte de un importante complejo exportador.
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