TEHERÁN — Los iraquíes acudieron el martes a las urnas para unas elecciones parlamentarias que podrían resultar tan trascendentales para Teherán como para Bagdad.
Irán, que en su día fue el principal mediador político en el Irak de la posguerra, ahora se enfrenta a una disminución de los beneficios de dos décadas de inversión política. La República Islámica ha sufrido una lenta erosión de su influencia debido a la inestabilidad regional y a la evolución de las alianzas.
Al abrirse las urnas en todo el país, más de 21 millones de iraquíes estaban habilitados para elegir entre más de 7700 candidatos. La participación alcanzó el 55%, con más del 99% de los votos escrutados, lo que supone un aumento respecto al mínimo histórico de alrededor del 43% registrado en las elecciones de 2021. Algunos grupos políticos llamaron al boicot, argumentando que la votación solo perpetuaría a las mismas élites gobernantes que han dominado la política iraquí desde 2003. Se esperan resultados preliminares en las próximas 24 horas, si bien las negociaciones necesarias para elegir un nuevo primer ministro y formar gobierno suelen durar meses.
Aun así, tanto Teherán como Washington siguen la situación de cerca.
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