Tras la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, crece la expectación por sus posibles movimientos en importantes puntos geopolíticos conflictivos, a saber, Ucrania, Oriente Medio y Asia-Pacífico. Sin embargo, el Cuerno de África es una región descuidada pero crítica, que podría volver a poner a prueba el legado de Trump en política exterior.
Aunque Trump dijo poco sobre África en su conjunto durante su campaña presidencial, la expectativa predominante es que la doctrina “Estados Unidos primero” de Trump puede llevar a Washington a limitar su participación en el Cuerno de África a menos que se alinee directamente con los intereses estratégicos estadounidenses.
El enfoque orientado a los negocios, característico de la filosofía política de Trump, puede determinar su forma de abordar los problemas de la región, pero también tomará el relevo de la administración de Joe Biden, que mantuvo un compromiso limitado con África y a menudo priorizó otras preocupaciones globales. Esa es una tendencia de larga data y los líderes africanos con frecuencia perciben a Estados Unidos como algo indiferente hacia su región.
Durante el mandato de Biden, estalló el conflicto en Sudán, lo que creó una de las crisis humanitarias más graves del mundo. Además, las disputas de Etiopía con países vecinos, como Somalia y Egipto (por su memorando de entendimiento para el uso del puerto de Berbera en Somalilandia para acceder al Mar Rojo a cambio de reconocer la región separatista) han provocado tensiones diplomáticas. Las preocupaciones de Egipto por la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por su sigla en inglés), cuya construcción Etiopía comenzó en 2011 y que está casi terminada, añaden otra fuente de tensiones .
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