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Rubio se reúne con el primer ministro iraquí mientras las tropas estadounidenses restantes se preparan para retirarse.

La reunión en Nueva York tiene lugar menos de dos semanas antes de que las tropas estadounidenses restantes abandonen Irak.

Iraqi Prime Minister Ali al-Zaidi
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, habla durante una rueda de prensa conjunta con el canciller alemán Friedrich Merz en Berlín el 15 de septiembre de 2026. — Michele Tantussi/Getty Images

NUEVA YORK — Días antes de la retirada prevista de las últimas tropas estadounidenses de Irak, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se reunió el lunes con el primer ministro del país, mientras Bagdad se enfrenta a una creciente presión por parte de Washington para controlar a las milicias respaldadas por Irán.

La reunión de Rubio con el empresario iraquí convertido en político Ali al-Zaidi, en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, se produce antes de la prevista partida, el 30 de septiembre, de los cientos de tropas estadounidenses que aún permanecen estacionadas en Irak para ayudar a combatir al Estado Islámico.

La retirada estadounidense coincide con el plazo fijado por el gobierno iraquí para que los grupos armados entreguen sus armas a las Fuerzas de Movilización Popular, una red que agrupa a milicias chiítas formadas para combatir al ISIS e incorporadas formalmente a las fuerzas de seguridad iraquíes hace una década.

En una entrevista con el New York Times publicada el lunes, Zaidi detalló un nuevo plazo extendido para que las milicias se desarmen. A partir del 30 de septiembre, los grupos armados de Irak deberán cesar sus ataques durante 90 días. Posteriormente, comenzarán a entregar sus armas, y el proceso concluirá el 30 de junio de 2027, según indicó Zaidi.

El enviado especial del presidente estadounidense para Irak, Tom Barrack, declaró a Al-Monitor al salir de la reunión entre Rubio y Zaidi que existe un acuerdo para que, a finales de junio, "solo el Estado sea el responsable de las fuerzas armadas".

Sin embargo, el llamamiento del gobierno iraquí al desarme ha encontrado una feroz resistencia por parte de las milicias, incluso cuando la retirada de las tropas estadounidenses elimina la justificación que muchos habían utilizado para conservar sus armas.  

Varias de las facciones más poderosas, entre ellas Kata'ib Hizbollah, se niegan a entregar voluntariamente sus armas. Otras han manifestado estar dispuestas a hacerlo, pero parecen estar esperando concesiones políticas a cambio, según Victoria Taylor, directora de la Iniciativa sobre Irak y el Proyecto sobre Siria del Atlantic Council.

Taylor puso como ejemplo a Asaib Ahl al-Haq, diciendo que el grupo está a la espera de ver si Estados Unidos aceptará el nombramiento de Laith al-Khazali —hermano de su secretario general, Qais al-Khazali— como viceprimer ministro en el gobierno de Irak.

“En definitiva, estos grupos desean ver una vía política que les permita ser eliminados de las listas de personas designadas y convertirse en participantes plenos del proceso político de Irak”, dijo Taylor.

El impulso al desarme se produce mientras la guerra entre Irán y Estados Unidos continúa en su séptimo mes, con Teherán manteniendo el control sobre el estrecho de Ormuz y los hutíes de Yemen intensificando su lucha contra Arabia Saudí.

Desde que comenzó la guerra el 28 de febrero, grupos respaldados por Irán han llevado a cabo cientos de ataques contra objetivos vinculados a Estados Unidos en Irak, incluida su embajada en Bagdad. También atacaron fuera de las fronteras de Irak, como el ataque con drones de septiembre contra el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, que el gobierno iraquí confirmó que se lanzó desde su territorio.

Lahib Higel, analista sénior del International Crisis Group para Irak, afirmó que un proceso de desarme genuino que involucre a estos grupos probablemente llevaría años.

“Una condición fundamental para que eso funcione será que estos grupos, que están alineados ideológica y operativamente con Irán, no estén en guerra con Estados Unidos mientras se supone que eso sucede”, dijo Higel.

Washington y Teherán han competido por la influencia en Irak desde que la invasión liderada por Estados Unidos derrocó al dictador Saddam Hussein en 2003. Días después de reunirse con el presidente estadounidense Donald Trump en Washington, en el marco de su primer viaje al extranjero como primer ministro, Zaidi se reunió con el presidente iraní Masoud Pezeshkian en Teherán.

Zaidi, quien asumió el cargo en mayo, surgió como un candidato de compromiso aceptable tanto para Washington como para Teherán, después de que el Marco de Coordinación, alineado con Irán, designara inicialmente al primer ministro Nouri al-Maliki para suceder al primer ministro saliente Mohammed Shia al-Sudani. La coalición no impulsó su nominación después de que Trump amenazara con recortar la ayuda estadounidense en enero, preocupado de que un gobierno proiraní se consolidara si Maliki regresaba a la política.

Anteriormente, Zaidi fue presidente del consejo de administración del Banco Islámico Al-Janoob, una de las varias instituciones financieras a las que el banco central de Irak prohibió en 2024 realizar transacciones en dólares estadounidenses como parte de un esfuerzo por combatir el lavado de dinero y el uso ilícito de la moneda estadounidense.

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