Mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán continúa reduciendo los flujos de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz, otra rivalidad latente en el Golfo podría pronto entorpecer aún más el comercio regional.
El 7 de julio, se supo que las transferencias bancarias desde Arabia Saudí a cuentas en los Emiratos Árabes Unidos habían sufrido retrasos, bloqueos o habían sido devueltas sin explicación, según informes de Bloomberg y el Financial Times que citaban a ejecutivos de empresas que prefirieron permanecer en el anonimato.
Aunque la magnitud del problema sigue sin estar clara —y el banco central de Arabia Saudita ha dicho que no hay restricciones dirigidas a países específicos—, los inusuales obstáculos en los pagos plantean nuevas preguntas sobre si las economías más grandes de la región están entrando en una fase más disruptiva de una brecha que se extenderá cada vez más a las arterias comerciales.
Estos incidentes surgen tras meses de crecientes tensiones entre las dos potencias del Golfo, que han chocado por prioridades geopolíticas cada vez más divergentes en Yemen, Sudán y otros lugares. En medio de las crecientes fricciones entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, estas perturbaciones financieras podrían ser importantes, aunque es difícil predecir su alcance y duración, según Tim Callen, investigador visitante del Instituto de los Estados del Golfo Árabe y exjefe de la misión del Fondo Monetario Internacional para Arabia Saudita.
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