Un ataque con drones el 17 de mayo cerca de la central nuclear de Barakah en los Emiratos Árabes Unidos ha inyectado una nueva incertidumbre en el prolongado impulso de Oriente Medio hacia la energía nuclear, poniendo de relieve, en el contexto de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, una vulnerabilidad clave.
El incidente marcó el primer ataque conocido contra la instalación emiratí —la única planta nuclear comercial operativa en el mundo árabe— y se produjo en un momento delicado para las ambiciones nucleares de la región. Antes de la guerra, el impulso a la energía nuclear había ido en aumento en todo Oriente Medio: Arabia Saudí avanzaba en las conversaciones de cooperación nuclear con Estados Unidos, Turquía se preparaba para poner en marcha su primer reactor y Egipto seguía adelante con un proyecto plagado de retrasos.
Ahora, el episodio de Barakah obligará tanto a los responsables políticos como a los inversores a afrontar una pregunta difícil: ¿Sigue siendo más justificable la lógica estratégica que respalda la energía nuclear en Oriente Medio que los crecientes riesgos que plantea la guerra regional moderna, cuando los ataques con drones y misiles baratos pueden arrasar infraestructuras críticas?
Lo sucedido: El dron, cuyo origen se desconoce, impactó contra un generador eléctrico en la central nuclear de Barakah, ubicada a unos 280 kilómetros al oeste de Abu Dabi, cerca de la frontera con Arabia Saudí. El ataque provocó un incendio, pero no hubo heridos ni fugas de radiación, según las autoridades emiratíes y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
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