Si bien Turquía no considera la inestabilidad en Irán una amenaza inmediata para su seguridad, se prepara para las consecuencias. Una posible intervención militar estadounidense en el país podría generar riesgos en cascada para Turquía, desde la interrupción de las rutas comerciales hasta el flujo de refugiados y un desequilibrio regional que podría favorecer a Israel.
Ante una posible intervención militar estadounidense en Irán, Ankara responde buscando un delicado equilibrio: oponerse a una acción militar e instar a Teherán a reducir la tensión con Washington. Los analistas afirman que, si bien una posible intervención militar en Irán no representaría una amenaza directa para la seguridad nacional de Turquía, Ankara aún busca prevenir una crisis regional más amplia que podría extenderse a otros países, interrumpir los corredores comerciales que conectan Turquía con Asia Central y del Sur, desencadenar nuevos flujos de refugiados y alterar el equilibrio de poder regional de maneras que podrían socavar la seguridad y los intereses económicos de Turquía.
Por ello, el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, declaró abiertamente el jueves que Turquía se opone a cualquier intervención extranjera en Irán, en medio de las persistentes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump. Fidan habló con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, en varias ocasiones durante la última semana, instando a reducir las tensiones.
El malestar económico y político de Irán
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