Las elecciones parlamentarias iraquíes del 11 de noviembre dejaron al primer ministro Mohammed Shia al-Sudani en una posición de liderazgo, aunque incierta, al no haber ningún bloque capaz de obtener la mayoría absoluta. Turquía deberá gestionar con cautela sus relaciones con el próximo gobierno iraquí, sopesando sus propios intereses estratégicos y, al mismo tiempo, teniendo en cuenta la persistente influencia de las facciones afines a Irán.
Si bien la Coalición para la Reconstrucción y el Cambio de Sudani surgió primero, las facciones chiítas proiraníes, incluido el bloque Estado de Derecho de Nouri al-Maliki y otros miembros del Marco de Coordinación, siguen teniendo un papel decisivo en el Parlamento. Turquía ve el resultado como una oportunidad para mantener la continuidad en la cooperación en materia de seguridad y los acuerdos de reparto de agua , fortalecer los lazos con Bagdad y salvaguardar sus intereses regionales. Para ello, deberá tener muy en cuenta la influencia persistente de Irán y el potencial impacto de las tensiones entre Estados Unidos e Irán en el panorama político.
Irak celebró sus sextas elecciones parlamentarias el 11 de noviembre desde la invasión de 2003, bajo estrictas medidas de seguridad y en un contexto de tensión regional entre Estados Unidos e Irán. Más de 7.700 candidatos se presentaron para 329 escaños. La participación electoral se situó oficialmente en el 56,11% del electorado registrado, cifra que Sudani interpretó como prueba de la recuperación de la confianza política. La participación en las elecciones anteriores fue de un mínimo histórico del 43%.
Sudani lidera, pero la presidencia es incierta.
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