A pesar de las sanciones y meses de diplomacia, Estados Unidos cuenta con escasas herramientas para detener la devastadora guerra civil en Sudán, mientras las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), de carácter paramilitar, continúan sus ataques desafiando sus propios compromisos de tregua. El avance de las milicias respaldadas por potencias extranjeras y las profundas divisiones internas en Sudán han obstaculizado repetidamente los esfuerzos de Washington, dejando al Congreso debatiendo los próximos pasos y poniendo de manifiesto los límites de la influencia estadounidense.
La semana pasada, las RSF anunciaron que habían aceptado una tregua respaldada por Estados Unidos, pero sobre el terreno continuaron atacando Jartum y otras zonas, socavando su compromiso declarado con los esfuerzos de Washington.
La declaración se produjo mientras el grupo diplomático conocido como el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (Quad) —Estados Unidos, Arabia Saudita, Egipto y Emiratos Árabes Unidos— buscaba reactivar una propuesta de tregua humanitaria de tres meses que condujera a un alto el fuego permanente y a un gobierno de transición. A finales del mes pasado, la administración Trump recibió al ministro de Asuntos Exteriores sudanés, Mohieldin Salem, para impulsar el plan, incluso cuando las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) reforzaban su control sobre el último bastión militar importante en Darfur.
La mediación estancada de Washington
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