Turquía está actualmente involucrada en un esfuerzo de múltiples capas de estrategias diplomáticas y militares para desarmar a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) lideradas por los kurdos, a las que Ankara considera una amenaza a la seguridad nacional pero que no ha logrado aplastar durante casi una década debido a la alianza de la organización con Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico en Siria.
Con la caída de la dinastía Assad en Siria, Turquía percibe una oportunidad para desarmar al principal componente kurdo de las SDF —las Unidades de Protección Popular (YPG) y su ala política, el Partido de la Unidad Democrática (PYD)— junto con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), aliado suyo, que ha estado luchando contra el gobierno turco por la autonomía kurda desde los años 1980 desde bases en Irak. Estados Unidos ha designado al PKK, pero no a las SDF, como organización terrorista. Turquía llevó a cabo varias incursiones militares contra las SDF entre 2016 y 2020.
El mes pasado, en una entrevista, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, dijo que Ankara está exigiendo que todos los miembros del PKK abandonen Siria, empezando por los no sirios, seguidos por los miembros del PKK con ciudadanía siria. Mientras tanto, los funcionarios turcos también han aumentado las amenazas de llevar a cabo operaciones militares contra las zonas controladas por las SDF.
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