Especular sobre cómo el presidente estadounidense Donald Trump 2.0 podría afectar el triángulo estratégico Estados Unidos-China-Medio Oriente no es una tarea sencilla.
Con la nominación de Marco Rubio como secretario de Estado, Mike Waltz como asesor de seguridad nacional y Elise Stefanik como embajadora ante las Naciones Unidas, la administración estadounidense entrante está preparada para restablecer la máxima presión sobre Irán, incrementar el apoyo a Israel y confrontar a China.
Sin embargo, la geopolítica es dinámica y abunda la incertidumbre.
Durante la campaña, Trump ha propuesto imponer aranceles del 10% al 20% a las importaciones de la mayoría de los países, y aplicar aranceles mucho más elevados, del 60% o más, a las importaciones chinas, una medida que según Patricia M. Kim, de la Brookings Institution, "llevaría rápidamente la relación entre Estados Unidos y China a una espiral descendente". La mayoría de los 50 economistas encuestados recientemente por Reuters prevé que los aranceles sobre los bienes procedentes de China alcancen un 38%, según una estimación mediana, para principios de 2025.
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