TEL AVIV — El bombardeo aéreo masivo de Israel contra objetivos vinculados a Hezbolá en el Líbano durante los últimos dos días —el más letal en casi dos décadas— es parte de un plan diseñado para presionar a Hezbolá lo más fuerte posible sin desatar una guerra total.
Según las autoridades locales, la campaña ha causado más de 500 muertos y más de 6.000 heridos en el Líbano. En Israel, los lanzamientos de cohetes de Hezbolá han dejado una persona muerta y al menos otras diez heridas.
Una de ellas es presionar al líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, para que deje de condicionar un alto el fuego con Israel a un alto el fuego en la Franja de Gaza. Israel espera que la desvinculación de los dos frentes y los bombardeos concertados convenzan a Hezbolá de retirar sus fuerzas de la frontera norte de Israel y permitir que decenas de miles de israelíes regresen a los hogares que se vieron obligados a abandonar hace casi un año.
El segundo objetivo es restablecer la disuasión contra Hezbolá lograda durante la Segunda Guerra del Líbano de 2006, que duró un mes y que infligió graves daños a la organización libanesa respaldada por Irán y obligó a Nasrallah a esconderse en la clandestinidad desde entonces.
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