Los yacimientos petrolíferos de Venezuela se encuentran a miles de kilómetros de Oriente Medio, pero el creciente interés de la administración Trump en las riquezas del crudo del país podría contribuir a reconfigurar un orden energético centrado en los productores del Golfo, justo cuando la guerra con Irán ha puesto al descubierto sus vulnerabilidades.
La evidencia más reciente llegó el 2 de septiembre, cuando el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, viajó a Caracas para supervisar una serie de acuerdos energéticos encabezados por el plan de Chevron de invertir más de 7 mil millones de dólares en cinco años y duplicar con creces su producción en Venezuela.
Los anuncios de las empresas energéticas se produjeron días después de que la administración Trump revelara, el 28 de agosto, un acuerdo integral que otorga a una empresa privada respaldada por Estados Unidos acceso a los yacimientos petrolíferos venezolanos, con reservas probadas de unos 65.000 millones de barriles. El acuerdo contempla que el gobierno estadounidense adquiera una participación del 35% en una empresa conjunta con North American Blue Energy Partners y podría implicar una inversión de hasta 100.000 millones de dólares, además de otorgar a Estados Unidos derechos preferenciales sobre su crudo.
Esta medida acelera los esfuerzos de Washington por consolidar a un miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo bajo su control, tras el derrocamiento del expresidente venezolano Nicolás Maduro en enero y la posterior expansión del control estadounidense sobre los recursos del país.
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