TEHERÁN — El poder judicial iraní ejecutó a cuatro hombres en dos días consecutivos, acusándolos de tener vínculos con la organización opositora en el exilio Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK). Los casos, difundidos a través de medios afines al poder judicial, alegaban su participación en ataques contra "lugares estratégicos", incluyendo el uso de armas lanzadores y el ensamblaje de artefactos explosivos.
Dos de los hombres fueron ejecutados después de que el Tribunal Supremo confirmara sus sentencias. Las autoridades afirmaron que tenían vínculos de larga data con el MEK, y que uno de ellos supuestamente intentó cruzar la frontera cerca de Mahabad para recibir entrenamiento en el extranjero. Otros dos fueron ejecutados por cargos similares, entre ellos la fabricación de morteros y la identificación de objetivos.
Si bien los arrestos parecen ser anteriores a la guerra actual, sus ejecuciones ahora —en medio de la escalada del conflicto con Israel y Estados Unidos— sugieren un mensaje político deliberado. Teherán está dando a entender que las amenazas a la seguridad interna se están abordando y neutralizando activamente, incluso ante la creciente presión externa. Y esto no es simplemente una cuestión de aplicación de la ley; es una estrategia de comunicación propia de tiempos de guerra.
Desde el estallido de la guerra, las autoridades iraníes han intensificado una amplia represión interna, arrestando a decenas de personas acusadas de tener vínculos con servicios de inteligencia extranjeros, "medios de comunicación hostiles" o grupos de oposición. Se han invocado cada vez con mayor frecuencia cargos como "corrupción en la tierra", castigados con la pena de muerte.
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