TEHERÁN — Tras la consolidación del alto el fuego negociado por Estados Unidos entre Israel y Hamás, Irán celebró el fin de lo que ha llamado repetidamente la "guerra genocida" en Gaza. Sin embargo, la respuesta de Teherán refleja un cálculo complejo: si bien respalda públicamente medidas que detienen el derramamiento de sangre en el enclave palestino, la República Islámica sigue profundamente preocupada por su marginación en la diplomacia regional y las implicaciones más amplias para su influencia estratégica en Oriente Medio.
El jueves, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán publicó un comunicado en su canal de Telegram instando a la comunidad internacional a exigir responsabilidades a los responsables de "crímenes de guerra" y el "genocidio" de palestinos. Señaló que el fin de la guerra no exime a los gobiernos ni a los organismos internacionales de su responsabilidad legal y moral de buscar justicia.
Irán había expresado anteriormente su apoyo a cualquier medida que garantizara la retirada de las fuerzas israelíes, la entrega de ayuda humanitaria y el avance de los derechos palestinos.
Sin embargo, detrás del lenguaje oficial se esconde el malestar de Teherán con su papel, o la falta de él, en la negociación del acuerdo y con el papel de la administración Trump en el cambio de Oriente Medio.
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