BEIRUT — Las demandas de Estados Unidos e Israel para que el gobierno libanés desarme a Hezbolá han ejercido una presión sin precedentes sobre el grupo respaldado por Irán, dejándolo con pocas opciones más allá de la confrontación, la concesión o una demora calculada para evitar un desarme forzoso.
La presión sobre Hezbolá para que se desarme se intensificó a principios de agosto, cuando El primer ministro Nawaf Salam ordenó a las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) elaborar un plan, con fecha límite para el 31 de agosto, para desmantelar todas las milicias antes de fin de año. La mayoría del gabinete también votó a favor de respaldar puntos clave de una hoja de ruta estadounidense que condiciona el fin de los ataques israelíes al desarme completo de Hezbolá. Ministros de Hezbolá y del bloque político chií aliado Amal. negaron su apoyo y abandonaron la sesión del gabinete en señal de protesta.
Mientras tanto, Hezbolá sigue rechazando los llamados a su desarme incondicional. En cambio, abogan por un diálogo nacional sobre una estrategia de defensa integral, aunque sólo si Israel primero se retira del territorio libanés que ocupa y detiene los ataques militares contra el Líbano, una medida que algunos analistas ven como una táctica dilatoria.
La intención expresa del gobierno de restaurar el monopolio estatal sobre las armas y la negativa de Hezbolá a entregar sus armas están alimentando un enfrentamiento político que deja a ambas partes con opciones limitadas.
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