TEHERÁN — Cuando la violencia letal entre combatientes beduinos y drusos en la provincia sureña siria de Suwayda tomó un giro dramático esta semana, Teherán no perdió tiempo en presentar la crisis como una advertencia geopolítica y un momento de reivindicación.
Mientras el nuevo orden sirio se desmorona, Teherán señala los recientes ataques israelíes y el status de conflicto del presidente interino Ahmed al-Sharaa como prueba de los peligros contra los cuales ha advertido desde hace tiempo.
Para la República Islámica, la escalada es más que un estallido local: se la presenta como un frente central en la contienda geopolítica más amplia entre Irán e Israel y los peligros de la salida de su aliado, el presidente Bashar al-Assad.
Desafortunadamente, todo esto era demasiado predecible. ¿Cuál será la siguiente capital?, escribió el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, el miércoles X. Calificó a Israel de "régimen rabioso" y exigió la unidad internacional para detener su agresión. "Irán apoya la soberanía y la integridad territorial de Siria y siempre apoyará al pueblo sirio", concluyó.
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