El ministro de Defensa sirio anunció un alto el fuego en Suwayda el martes, tras la entrada de las fuerzas gubernamentales en la ciudad de mayoría drusa por primera vez desde la caída del régimen de Asad, tras una ola de violencia étnica que dejó un centenar de muertos. El mayor general Murhaf Abu Qasra afirmó que se había llegado a un acuerdo con notables y dignatarios locales para que la ciudad quedara bajo el control de las fuerzas de seguridad interna sirias.
Lo que comenzó como un intercambio de represalias entre miembros de una tribu beduina sunita y grupos armados drusos por un robo el viernes se intensificó hasta convertirse en enfrentamientos a gran escala el domingo. Las fuerzas gubernamentales intervinieron, afirmando que estaban restableciendo el orden, pero las facciones drusas afirman que el verdadero objetivo era tomar el control de Suwayda. Los comentaristas afirman que el resultado —el despliegue de las fuerzas de seguridad sirias en el bastión druso— supone una importante victoria para el presidente sirio Ahmed al-Sharaa, quien busca afianzar su control del poder tras la ofensiva relámpago de diciembre que derrocó al régimen de Asad.
Siete meses después, grandes franjas del país permanecen fuera de la autoridad del gobierno: los kurdos controlan una cuarta parte de su territorio en el norte y el noreste, y los drusos (una antigua comunidad guerrera que adhiere a elementos del Islam chiita) controlan Suwayda y Quneitra en el sur.
Las tensiones entre las tribus drusas y beduinas han existido durante siglos, con espasmos de derramamiento de sangre entre las dos comunidades por tierras y otros recursos.
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