TEHERÁN — Tras su guerra de 12 días con Israel , la República Islámica ha intensificado drásticamente la deportación de inmigrantes afganos, alegando preocupaciones de seguridad nacional y crecientes acusaciones de espionaje.
Lo que una vez se presentó en gran medida como una respuesta a la presión económica y social, ahora se justifica como una medida de seguridad estratégica, lo que genera alarma tanto en Kabul como en las instituciones internacionales.
El ministro del Interior de Irán, Eskandar Momeni, confirmó el lunes en una entrevista en la televisión estatal que más de 400.000 afganos "indocumentados" han sido deportados desde mediados de marzo, parte de lo que describió como la aplicación de una nueva legislación destinada a endurecer los controles migratorios.
Pero el momento del reciente aumento es digno de mención. Si bien Irán ha acogido durante mucho tiempo a millones de afganos —algunos huyendo de décadas de conflicto, otros en busca de empleo—, la repentina intensificación de las expulsiones se produce tras los ataques a gran escala de Israel contra instalaciones nucleares y objetivos militares iraníes. En la narrativa de posguerra impulsada por los medios iraníes de línea dura, han surgido acusaciones de que algunos migrantes afganos participaron en espionaje para el Mossad israelí, lo que ha alimentado la retórica nacionalista y ha provocado peticiones de deportación masiva.
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