Turquía está sopesando si tolerará una Siria descentralizada si eso significa garantizar el desarme del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que ha estado librando una insurgencia armada contra Turquía durante más de 40 años, y preservar la unidad territorial de Siria.
El estancamiento del acuerdo del 10 de marzo entre Damasco y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por Estados Unidos, ha vuelto a situar la cuestión del federalismo en el centro del futuro de Siria y ha puesto a Ankara en una situación delicada. Si bien Turquía ha rechazado durante mucho tiempo cualquier forma de autonomía kurda por temor a que pueda alimentar el separatismo en su territorio, las recientes medidas para la reintegración kurda al Estado sirio, sumadas a un nuevo llamado al desarme por parte del líder del PKK encarcelado, Abdullah Öcalan, han complicado el panorama. Ante la creciente presión, las autoridades turcas podrían verse obligadas a elegir entre tolerar una Siria descentralizada y arriesgarse a una renovada inestabilidad a ambos lados de la frontera.
Durante una conferencia de prensa con su homólogo qatarí en Doha el 27 de abril, el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, declaró que Ankara está esperando "que se implemente el acuerdo [del 10 de marzo] firmado entre las YPG y el gobierno sirio", en referencia al acuerdo de siete puntos entre el presidente sirio Ahmed Al-Sharaa y Mazloum Kobane, el comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias respaldadas por Estados Unidos y lideradas por los kurdos, lideradas por las Unidades de Protección Popular (YPG), que están estrechamente afiliadas al PKK.
Según los términos del acuerdo, las fuerzas de las SDF se unirán a las del nuevo Estado sirio a cambio de que Damasco reconozca los derechos kurdos e implemente acuerdos de reparto de ingresos.
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