El gobierno interino de Siria ha hecho varias promesas para transformar la economía del país desde el derrocamiento del presidente Bashar al-Assad en diciembre. El derrocamiento de Assad se produjo después de décadas de gobierno férreo por parte de su familia y del aislamiento de Siria de la diplomacia internacional y los mercados financieros.
Una ofensiva relámpago liderada por el grupo rebelde Hayat Tahrir al-Sham condujo a la huida de Assad a Moscú el 8 de diciembre. Se formó un gobierno de transición entre HTS y otras milicias y el líder de HTS, Ahmed al-Sharaa, fue designado presidente interino de Siria. Está previsto que el gobierno provisional permanezca en el poder hasta el 1 de marzo, pero es probable que los esfuerzos por establecer una nueva constitución y un nuevo gobierno lleven tiempo.
A pesar de su tasa de alfabetización del 94%, una de las más altas de Oriente Medio, los problemas económicos de Siria son profundos. Entre 2010, un año antes de que estallara la guerra civil en Siria, y 2021, el producto interno bruto del país cayó un 54%. Las sanciones occidentales impuestas al país desde mayo de 2011 por la guerra contribuyeron a la caída. Alrededor del 90% del país vive por debajo del umbral de pobreza, según las Naciones Unidas.
Se necesitan miles de millones de dólares para reconstruir el país tras los efectos devastadores de la guerra. Los cálculos varían entre 250.000 y 400.000 millones de dólares, y no está claro qué gobiernos extranjeros contribuirán a financiarlo.
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