La congelación de la ayuda exterior estadounidense y los ataques a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) por parte de la administración Trump podrían tener graves consecuencias para los civiles sudaneses, advierten los expertos, mientras que las Naciones Unidas advierten que partes del país están al “borde de la catástrofe” debido a la escalada de la guerra civil.
El presidente estadounidense Donald Trump inició el 20 de enero una revisión de la ayuda exterior, al firmar una orden ejecutiva que establece una pausa de 90 días en la asistencia para el desarrollo exterior “en espera de que se revisen dichos programas para comprobar su eficiencia programática y su coherencia con la política exterior de Estados Unidos”. La semana pasada, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio firmó una exención que permite excepciones para “asistencia humanitaria vital”, como alimentos, medicamentos y alojamiento.
El viernes, Trump pidió oficialmente el cierre de USAID, lo que en esencia significa desmantelar el principal proveedor de ayuda humanitaria global de Estados Unidos. “¡CIERRENLO!”, escribió Trump en su plataforma de redes sociales, Truth Social, alegando que gran parte del dinero de la agencia se había gastado de maneras “TOTALMENTE INEXPLICABLES”.
La situación en Sudán, un país desgarrado por la guerra, suele describirse como la peor crisis humanitaria del mundo, con 14,6 millones de desplazados y 30,4 millones de personas necesitadas de ayuda, según el Comité Internacional de Rescate. La guerra civil, que comenzó en 2023, enfrenta a las Fuerzas Armadas Sudanesas con las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo con orígenes en las milicias Janjaweed que lucharon por el gobernante derrocado Omar al-Bashir en Darfur en la década de 2000.
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