TEL AVIV — Israel es uno de los pocos socios estratégicos de Estados Unidos que no ha sido molestado por la decisión del presidente Donald Trump dearrojar a Ucrania y a su líder, el presidente Volodymyr Zelenskyy, bajo las ruedas del autobús de Rusia.
De hecho, en los círculos cercanos que rodean al primer ministro Benjamin Netanyahu, el dramático acercamiento entre Trump y el presidente ruso Vladimir Putin presenta una oportunidad largamente esperada para abordar la amenaza de Irán, la mayor obsesión de Israel y lo que percibe como el único peligro para su existencia.
Según los funcionarios israelíes, el realineamiento ruso-estadounidense, que entraña un gran riesgo, erosiona el incentivo de Putin para ayudar a Irán a rehabilitar sus sistemas de defensa aérea, que Israel destruyó en un ataque en octubre de 2024, lo que posibilitaría un posible ataque israelí a las instalaciones nucleares iraníes. Israel está cada vez más preocupado por la posibilidad de que Moscú ayude a Irán a restaurar las baterías de defensa aérea de fabricación rusa a raíz del acuerdo de asociación estratégica de 20 años firmado el mes pasado por Putin y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, para profundizar los lazos militares bilaterales.
Netanyahu siempre ha considerado que el debilitamiento de la República Islámica es la misión de su vida, pero también ha postergado repetidamente sus planes durante más de una década de bombardear su floreciente programa nuclear. Ahora que su lugar en la historia está seriamente comprometido por el desastroso ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, que ocurrió bajo su mandato, es posible que vea el aplastamiento de las ambiciones nucleares de Irán como la única oportunidad que le queda para pulir su legado.
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