Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, las relaciones entre Estados Unidos y Turquía prometen mejorar, aun cuando surgen riesgos y oportunidades ante problemas regionales y globales, y pueden depender de cómo se lleven los dos presidentes de voluntad fuerte.
Cuando el miércoles se hizo evidente que Trump había ganado un segundo mandato no consecutivo en la Casa Blanca, los medios de comunicación turcos y los usuarios de las redes sociales respondieron con una mezcla de alegría, humor y aprensión. Algunos se alegraron de que Trump resultara ganador debido al apoyo aparentemente incondicional de la administración Biden a la guerra de Israel contra Gaza y a los elementos kurdos sirios que Ankara considera grupos terroristas.
Otros trazaron paralelismos entre el fracaso de los demócratas y la campaña igualmente condenada al fracaso que llevó a cabo la oposición turca contra el presidente Recep Tayyip Erdogan en las elecciones presidenciales y parlamentarias del año pasado. Mientras tanto, los expertos, aunque coinciden en que cuatro años más de Trump probablemente mejoren las relaciones entre Ankara y Washington, también advirtieron que Trump podría ser impredecible, recordando que su primer mandato no fue un camino de rosas para las relaciones entre Estados Unidos y Turquía.
Siria e Israel-Palestina: los mayores riesgos
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