Los votantes estadounidenses emitirán sus votos el martes no sólo para elegir un nuevo presidente, sino también para reelegir o destituir a los legisladores del Congreso, preparando el escenario para la siguiente fase de la política estadounidense en Medio Oriente.
El Congreso está dividido en la actualidad. Los demócratas tienen mayoría en el Senado, mientras que los republicanos controlan por un estrecho margen la Cámara de Representantes. Ese equilibrio de poder puede cambiar. Los votantes podrían entregar al presidente entrante una legislatura controlada por un partido que podría engrasar los engranajes para su agenda en Oriente Medio o poner obstáculos importantes.
Si es elegida vicepresidenta, Kamala Harris, necesitará el apoyo del Congreso para aprobar proyectos de ley de gasto que conlleven una ayuda crucial para los palestinos y para presionar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para que aumente la ayuda a Gaza. Como mínimo, necesitará el control de una cámara para bloquear los esfuerzos republicanos por eliminar los fondos para el enclave devastado por la guerra.
Se espera que el expresidente Donald Trump, si es elegido, reoriente la política exterior estadounidense en la región para centrarse en la cooperación energética y económica, un enfoque que los republicanos en el Congreso apoyarían. Si Trump decide prohibir la entrada de inmigrantes de países de mayoría musulmana, como hizo en su primer mandato, su esfuerzo podría verse acelerado por el apoyo de un Congreso controlado por los republicanos, si eso llega a suceder, aunque incluso en minoría, los demócratas podrían recurrir a los tribunales para frenar esa política.
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