BEIRUT — Los fuertes bombardeos de Israel sobre la capital libanesa, Beirut, la semana pasada, en medio de especulaciones sobre una inminente invasión terrestre, obligaron a muchas personas a huir de sus hogares y dejaron a miles Sin ningún lugar adonde ir. En el centro de Beirut, las familias desplazadas duermen en colchones o en trozos de poliestireno esparcidos sobre el asfalto negro. Otros buscan refugio debajo de una mezquita cercana, apiñados con sus bolsas preparadas a toda prisa y algunas pertenencias.
El 27 de septiembre por la tarde, Israel bombardeó la ciudad de Dahiyeh, en los suburbios del sur de Beirut, con ataques aéreos que duraron toda la noche y hasta la mañana. Un ataque aéreo redujo a escombros seis edificios residenciales, matando al menos a seis personas e hiriendo a 91, aunque es probable que el saldo final de muertos sea mayor.
Entre los muertos se encontraban el secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah , el alto comandante Ali Karaki y varios otros dirigentes del partido. Muchos en el país están de luto por la muerte de Nasrallah, cuyos seguidores lo veneraban casi como una figura paternal.
Israel ha intensificado significativamente sus ataques contra lo que afirma son objetivos militares de Hezbolá. En las últimas dos semanas, más de 1.000 personas han muerto y más de 6.000 han resultado heridas en ataques israelíes, incluidos civiles. Los ataques han alcanzado viviendas, centros médicos, ambulancias y automóviles, y la gente ha huido por todo el país, según el Ministerio de Salud libanés.
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