PARÍS/WASHINGTON — Tras haber sido expulsada de varios países del Sahel , Francia busca redefinir sus relaciones con África, alejándose de su legado colonial y de décadas de políticas centradas en los países francófonos, y priorizando en cambio las alianzas económicas con países como Egipto, Kenia, Nigeria y Sudáfrica.
Este cambio quedó patente esta semana, cuando la cumbre franco-africana Africa Forward —que se celebra aproximadamente cada tres años desde 1973— tuvo lugar por primera vez en un país no francófono. El lunes, en Nairobi, el presidente francés Emmanuel Macron abogó por una mayor coinversión franco-africana, argumentando que ambas partes se enfrentan a desafíos comunes que abarcan desde la seguridad hasta la dependencia económica y la competencia geopolítica.
En la cumbre, Macron afirmó haber movilizado 27.000 millones de dólares en inversiones en África, incluyendo 16.400 millones de dólares de empresas francesas y fondos públicos y privados, junto con 10.500 millones de dólares de socios africanos, destinados a la transición energética, la agricultura y la inteligencia artificial. Añadió que estas inversiones podrían generar 250.000 puestos de trabajo tanto en Francia como en África.
Pero los analistas dicen que los esfuerzos de Macron podrían ser insuficientes y llegar demasiado tarde.
«La posición actual de Francia en África, en comparación con 2017, cuando Macron anunció por primera vez en su discurso de Uagadugú un cambio político fundamental, no ha hecho más que empeorar», declaró Niagale Bagayoko, presidenta de la Red del Sector de Seguridad Africana, a Al-Monitor.
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