TEHERÁN — El ascenso de Mojtaba Jamenei a la cúspide del sistema político iraní ha situado a una figura que durante mucho tiempo permaneció en la sombra en el centro de uno de los momentos más trascendentales de la República Islámica. Sin embargo, la verdadera historia gira menos en torno a su personalidad y más en torno a las redes de poder que lo rodean, en particular dentro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), y cómo estas redes pueden influir en la conducta de Irán durante un conflicto regional en expansión e impredecible.
Durante años, Mojtaba, hijo de 56 años del asesinado Líder Supremo Alí Jamenei, operó principalmente entre bastidores, rara vez hablaba en público y evitaba funciones gubernamentales formales. Su nombre saltó a la fama en el panorama político iraní en 2005, cuando se informó que él y una red vinculada al CGRI habían contribuido a la victoria presidencial de su candidato favorito, Mahmud Ahmadineyad. La influencia de Mojtaba volvió a ser ampliamente discutida durante las controvertidas elecciones de 2009, cuando la controvertida reelección de Ahmadineyad desencadenó protestas masivas. La oposición acusó a Mojtaba de participar en la coordinación de la represión posterior a estas protestas, un momento en el que los manifestantes, por primera vez, corearon consignas contra él en las calles iraníes.
Estas acusaciones nunca fueron probadas, pero ayudaron a cimentar su reputación dentro de Irán como un agente de poder estrechamente vinculado al complicado aparato de seguridad del país.
Redes del CGRI detrás de Mojtaba
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