La actual exclusión de Turquía de la fuerza internacional de estabilización planificada para la Franja de Gaza puede resultar una bendición estratégica, al evitarle un papel militar de alto riesgo y al mismo tiempo mantener su influencia en el enclave palestino a través de vínculos políticos y compromiso humanitario.
Durante la reunión del Consejo de Paz del jueves en Washington, presidida por el presidente estadounidense Donald Trump, Turquía quedó fuera de la fuerza internacional propuesta para desplegarse en Gaza, a pesar de la propuesta previa de Ankara de contribuir con tropas. En teoría, parece un revés, que diluye la influencia de Turquía en la Gaza de la posguerra, pero los analistas afirman que, en última instancia, podría salvar a Turquía de verse encasillada en una misión militar incierta que podría haber puesto a sus fuerzas en conflicto directo con Israel.
En cambio, se espera que Ankara se apoye en sus vínculos políticos con Hamás y otras facciones palestinas para conservar su influencia dentro de Gaza y dentro del gobierno dirigido por Trump.
Israel sigue oponiéndose a la presencia militar turca en Gaza, por temor a que los vínculos de Ankara con Hamás compliquen el desarme del grupo, un requisito clave del plan de Trump. Turquía es el único país de la OTAN que no reconoce al grupo militante como organización terrorista, y los líderes políticos de Hamás dividen su tiempo entre Qatar y Turquía.
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