Las relaciones de Siria con Rusia entraron formalmente en una nueva fase en agosto, cuando los que antes eran estrechos aliados acordaron reorganizar la presencia militar de Moscú en dos instalaciones clave en la costa mediterránea. Los primeros indicios del nuevo acuerdo se hicieron visibles a los pocos días.
El 11 de agosto, las autoridades sirias comenzaron a recibir cargamentos de trigo y cemento en un muelle comercial utilizado anteriormente por las fuerzas rusas, mientras que se observó a personal ruso retirando equipos del muelle, según informó Reuters.
El simbolismo de este acontecimiento era innegable en el contexto del impulso más amplio del presidente Ahmed al-Sharaa para dejar atrás años de penurias bélicas en Siria, orientando al país hacia el desarrollo económico y la reconstrucción.
En virtud del acuerdo, alcanzado tras 18 meses de negociaciones, Siria recuperará el control de las instalaciones civiles en Tartus y Hmeimim, mientras que las secciones militares se convertirán en centros de entrenamiento conjuntos en un plazo de tres meses. Sin embargo, el acuerdo no supone una retirada definitiva de Rusia. Se espera que Moscú mantenga una presencia militar, y Rusia ha presentado públicamente el acuerdo como un paso hacia una mayor cooperación bilateral en el ámbito militar. Esto ha coincidido con diversas interpretaciones sobre la importancia del acuerdo.
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