TEHERÁN — El alto el fuego de 14 días entre Irán y Estados Unidos ha suspendido los combates, pero dentro de Irán, la sensación de alivio es limitada. El gobierno ha intensificado la represión en materia de seguridad, al tiempo que empeoran las presiones económicas; dos factores que probablemente determinarán el futuro de los iraníes de a pie.
A las pocas horas de entrar en vigor el alto el fuego , las autoridades iraníes intensificaron una oleada de detenciones en varias provincias. Desde que se anunció la tregua, los organismos de seguridad e inteligencia han detenido a decenas de personas acusadas de espionaje, vínculos con medios de comunicación extranjeros o cooperación con lo que los funcionarios describen como actores "hostiles".
Las detenciones se produjeron en varias provincias, entre ellas Juzestán, Mazandarán, Gilán, Lorestán y Hormozgán. En algunos casos, los detenidos fueron acusados de compartir imágenes con medios extranjeros; en otros, de presunta participación en ataques planeados o de vínculos con plataformas vinculadas a la oposición. Las autoridades también informaron de la incautación de grandes cantidades de armas, incluidos fusiles de asalto y municiones, muchas de las cuales, según afirmaron, eran de origen estadounidense y estaban destinadas a uso interno.
La magnitud de estas operaciones refleja una preocupación de larga data entre los activistas: los períodos de conflicto externo tienden a aumentar la sensibilidad de la República Islámica ante las amenazas internas percibidas.
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