TEHERÁN — Mientras la atención internacional se ha centrado principalmente en los bombardeos aéreos y las consecuencias regionales, otra batalla se está desarrollando en las calles de Teherán y en las principales ciudades de Irán, donde el régimen está trabajando para afirmar el control en medio del caos.
En la capital, las unidades Basij y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), cuyos centros de mando han sido en gran parte destruidos, están estableciendo sistemáticamente puestos de control y realizando registros de vehículos en los centros urbanos, creando una sensación generalizada de omnipresencia.
Durante el día, incluso con pequeños desfiles de vehículos, la milicia Basij está estableciendo controles de carretera para afirmar el control, mientras que por la noche, los altavoces transmiten cánticos religiosos y canciones de "victoria" por los barrios, lo que refuerza tanto la moral entre los leales como la percepción de una violencia generalizada. Supervisión gubernamental. Campos deportivos y escuelas también se han reutilizado como puestos de mando improvisados, combinando infraestructura de seguridad con espacios civiles.
La represión va más allá de la imposición física. La televisión estatal ha amplificado las advertencias de los comandantes del CGRI, quienes informaron a las familias que las fuerzas de seguridad tienen órdenes de disparar si los ciudadanos se alinean con Israel o Estados Unidos e ignoran los mensajes oficiales, una directiva que los funcionarios describen como más grave que nunca.
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