El ataque iraní contra una base militar kurda iraquí en la provincia de Erbil a primera hora del martes, el primer ataque de este tipo desde el comienzo de la guerra, pretendía ser la advertencia más contundente hasta el momento al Gobierno Regional del Kurdistán (GRK). Dejen de ayudar a Estados Unidos e Israel en su continua campaña para degradar y destruir el régimen iraní.
Al menos seis combatientes peshmerga murieron y más de 20 resultaron heridos en dos ataques consecutivos con misiles contra la 7ª División de las fuerzas peshmerga en el distrito de Soran, en Erbil.
El presidente de la región del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani, no dejó lugar a dudas sobre el autor, afirmando que condenaba enérgicamente "el ataque con misiles iraníes que tuvo como objetivo el cuartel general de las fuerzas peshmerga".
Sin embargo, el primer ministro del Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), Masrour Barzani, evitó culpar directamente a Irán por lo que calificó de ataque «hostil y traicionero», y destacó el dilema que enfrenta la región kurda, atrapada entre un Irán hostil y su estrecho aliado Bagdad. Hizo un llamamiento a Bagdad y a la comunidad internacional para que «pongan fin a estos ataques».
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