TEHERÁN — El mensaje público del viernes del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, fue difícilmente más desafiante. Dirigiéndose a sus simpatizantes tras la mayor noche de manifestaciones contra el régimen en años, Jamenei calificó a los manifestantes de "alborotadores" y "saboteadores", los acusó de actuar para "complacer" al presidente estadounidense Donald Trump y prometió que la República Islámica "no cederá".
Sin embargo, el momento y el tono de las declaraciones de Jamenei, sumados a un apagón de comunicaciones sin precedentes y a un escrutinio internacional cada vez más intenso, plantea una pregunta fundamental sobre cómo se está preparando el régimen para superar otro desafío que ha sacudido su núcleo mismo.
Los disturbios, que tienen su origen en el colapso de la moneda nacional, se han transformado rápidamente en manifestaciones contra el régimen en todo el país y han ganado cada vez más ritmo, impulso y escala en las últimas dos semanas.
Sólo en la noche del día 12, las protestas estallaron simultáneamente en las principales ciudades, entre ellas Teherán, Mashhad, Isfahán, Shiraz, Ahvaz, Kermanshah y Tabriz, así como en docenas de localidades más pequeñas, una escala no vista desde el Movimiento Verde de 2009; Y en algunas medidas, este movimiento es aún más amplio, dado su alcance y simultaneidad.
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