Desde los sueños de pistas de esquí con vistas al desierto árabe hasta la construcción del edificio más grande del mundo, el impulso de transformación económica de Arabia Saudita se verá sometido a una dosis de realidad en enero de 2026.
Después de años de gastos vertiginosos, el plan estrella del príncipe heredero Mohammed bin Salman para diversificar la economía dependiente del petróleo —denominado Visión 2030— enfrenta una nueva ronda de retrasos y recalibraciones a medida que los precios más bajos del petróleo exprimen las finanzas públicas y obligan a tomar decisiones más difíciles.
Una oleada de informes durante la última semana ha dejado claro la rapidez con la que convergen estas presiones. El 24 de enero, Arabia Saudita pospuso los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, tras lo cual se supo que estaba reduciendo su megaproyecto más ambicioso y suspendiendo la construcción de otro hito futurista, todo ello mientras intensificaba el endeudamiento y la búsqueda de nuevas fuentes de capital.
Nada de esto sorprende a quienes siguen de cerca al reino. Las ambiciones originales de Visión 2030 siempre se consideraron excesivamente optimistas, sobre todo en lo referente a los plazos. Pero el hecho de que se estén implementando tantos ajustes a la vez es notable, y quizás no sea casualidad, ya que la mayor parte de la atención mediática se centra en Irán, la inestabilidad en Estados Unidos y otras volatilidades geopolíticas globales. De cara al futuro, podrían producirse más cambios a medida que el reino se orienta hacia nuevas prioridades, como la inteligencia artificial, la minería y otras áreas de interés.
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