En las últimas semanas se han desmoronado acuerdos internacionales por un valor de casi 20.000 millones de dólares para gigantes energéticos de Oriente Medio que apuntan a una expansión global, lo que plantea nuevas preguntas sobre hasta dónde y con qué rapidez las compañías petroleras nacionales del Golfo pueden expandirse en el extranjero en mercados clave.
El 23 de septiembre, llegó la noticia de que las conversaciones de Saudi Aramco para invertir más de 1.000 millones de dólares en la división de energías renovables de la energética española Repsol se habían estancado, días después de que un consorcio liderado por la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dhabi (ADNOC) se retirara de una oferta de 18.700 millones de dólares por el productor australiano de gas natural Santos.
Ambos actores del Golfo han buscado proactivamente expandirse internacionalmente en los últimos años, un impulso que les ha permitido obtener activos en Estados Unidos, Asia y más allá en medio de sus esfuerzos por diversificar y navegar una transición energética lejos de los combustibles fósiles.
Sin embargo, este impulso también ha dado lugar a una serie de acuerdos estancados, una tendencia ahora encabezada por el sonado intento de ADNOC de adquirir Santos a través de XRG, su recién creada división de inversión internacional. La transacción habría sido una de las más importantes del año. El fracaso del acuerdo asestó un duro golpe a las ambiciones de ADNOC, pero es justo decir que se derrumbó en un contexto difícil.
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