Después de que la OTAN fijara su nueva meta de gasto de defensa en el 5% del PIB de sus miembros, el sector de defensa de Turquía se está preparando para una ola de gastos de 200.000 millones de dólares, una ola de gastos autofinanciada, estratégicamente complicada y que Ankara deberá manejar correctamente.
En la cumbre, celebrada en La Haya los días 24 y 25 de junio, los aliados de la OTAN se comprometieron a invertir el 5% de su PIB en defensa. Los jefes de gobierno de los aliados acordaron que el 3,5% de su renta nacional podría destinarse a "necesidades de defensa" y el 1,5% a "inversiones relacionadas con la defensa y la seguridad, como infraestructura e industria", según el sitio web de la OTAN. Sin embargo, a diferencia de los refuerzos de la Guerra Fría, respaldados por la ayuda exterior o la urgencia, esta ronda será autofinanciada y autodirigida. Los expertos afirman que este cambio plantea a Turquía no solo opciones en materia de armas y tecnologías, sino también dilemas más profundos sobre prioridades, doctrina y cómo evitar repetir errores del pasado en materia de adquisiciones y planificación.
El presupuesto estimado de defensa y seguridad de Turquía, de 45 000 millones de dólares, representa aproximadamente el 3,46 % de su renta nacional de 1,3 billones de dólares para 2024, según estadísticas del gobierno turco. Esto significa que Ankara podría aumentar su gasto en defensa y seguridad en otros 20 000 millones de dólares anuales, o un total de 200 000 millones de dólares durante los próximos 10 años.
Los expertos que hablaron con Al-Monitor argumentaron que los esfuerzos deberían centrarse en sistemas de armas, plataformas y áreas hasta ahora menos consideradas, especialmente en robótica, espacio y guerra cibernética.
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