JERUSALÉN — Las muy publicitadas visitas del primer ministro Benjamin Netanyahu a los lugares dañados por misiles iraníes sugieren que pretende llevar la guerra de Israel contra Irán hasta las urnas.
El miércoles visitó Rishon Letzion, un bastión del Likud al sur de Tel Aviv, donde un misil mató a dos personas hace una semana y causó graves daños a varios bloques de apartamentos, obligando a muchos a huir. Netanyahu caminó entre los escombros, habló con los residentes y abrazó a una mujer cuyos padres habían sido destruidos. Se detuvo en una falafelería del barrio y compró un sándwich, sacando su propia cartera para pagar. En la tradición política israelí, las paradas para comer falafel son similares al rito estadounidense de besar a los bebés durante la campaña electoral.
Netanyahu, cuya carrera política parecía ir en picada tras la masacre de Hamás en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, proyecta la imagen de un triunfador que se impuso a las fuerzas del mal tras la guerra con Irán. Tras evitar apariciones públicas durante las protestas de 2023 por los intentos de su gobierno de reformar el sistema judicial y la consiguiente guerra con Hamás, Netanyahu ahora está ansioso por conectar con los votantes.
Muchos expertos políticos dicen que Netanyahu, el primer ministro con más años en el cargo en Israel, con unos 17 años acumulados en el cargo, ha decidido postularse para un séptimo mandato en octubre de 2026.
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