El ataque suicida con bomba del domingo durante un servicio en una iglesia ortodoxa griega en Damasco, que los funcionarios sirios atribuyeron al Estado Islámico (ISIS), está generando temores de que la guerra entre Irán e Israel, a la que ahora se unió Estados Unidos, esté creando oportunidades para que el grupo yihadista que una vez gobernó grandes franjas de Siria explote un vacío de seguridad dejado por la caída del régimen de Assad.
Al menos 25 personas murieron y otras 60 resultaron heridas después de que un asaltante abriera fuego contra la congregación en la iglesia Mar Elias en Dweila, un barrio de Damasco, antes de detonar un chaleco explosivo. Un testigo presencial dentro de la iglesia afirmó que un segundo pistolero, que no se inmoló, también había disparado contra decenas de fieles mientras rezaban.
El presidente interino de Siria, Ahmed al-Sharaa, declaró tres días de luto nacional por las víctimas de la atrocidad y ordenó una investigación de emergencia ante las numerosas condenas recibidas desde todo el mundo. "Trabajaremos día y noche, movilizando a todas nuestras agencias de seguridad especializadas, para capturar a todos los que participaron y planearon este atroz crimen y llevarlos ante la justicia", declaró Sharaa el lunes en un comunicado.
El ataque fue el primero de este tipo en la capital siria desde el derrocamiento del régimen en diciembre. ISIS no se ha atribuido oficialmente la masacre, que fue duramente condenada por la Sharaa y líderes mundiales, entre ellos el libanés Joseph Aoun, el turco Recep Tayyip Erdogan, el francés Emmanuel Macron y el enviado de las Naciones Unidas a Siria, Geir Pederson.
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