A mediados de marzo de 2025, Estados Unidos desplegó seis bombarderos furtivos B-2 en Diego García, en el océano Índico, aproximadamente un tercio de su flota total. Desplegados junto con aeronaves de apoyo, incluyendo petroleros y aviones de carga, esto indica una seria disposición para atacar instalaciones reforzadas en Irán y Yemen. La medida se produjo tras las amenazas directas del presidente estadounidense Donald Trump, quien advirtió que "habrá un bombardeo" si Irán se niega a aceptar un nuevo acuerdo nuclear.
Junto con el B-52, el B-2 es uno de los dos únicos tipos de bombarderos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos capaces de transportar el penetrador masivo de artillería (MOP) GBU-57, diseñado para destruir instalaciones subterráneas fortificadas. Fabian Hinz, investigador del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), señala que el despliegue del B-2 no es solo simbólico: «El B-2 puede penetrar el espacio aéreo iraní con un riesgo mínimo gracias a sus características de sigilo y puede transportar municiones masivas rompebúnkeres y penetrantes. Ese es el tipo de plataforma ideal si se considera atacar objetivos iraníes de alto riesgo».
Según se informa, funcionarios israelíes han instado a la administración Trump a considerar ataques estratégicos de largo alcance contra la infraestructura de enriquecimiento de uranio de Irán en Natanz y Fordow, lo que plantea una vez más preguntas de larga data sobre cómo lidiar con la amenaza que plantean los programas nucleares y de misiles en expansión de Teherán.
¿Puede Irán atacar a Diego García?
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